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Baterías de la Real Isla de León
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Heredad de fadrique
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Batería de Punta Cantera / Reducto Inglés nº 22

Labores del asoleo en polvorines
de Punta Cantera

Sacar, cernir, secar y recuperar pólvora estropeada / Capítulo 26 de la Heredad de Fadrique


El siglo XVIII amanece con unas armas de fuego en lenta evolución tecnológica. La pólvora negra se utiliza para propulsar los proyectiles y, en su caso, para hacerlos detonar. Hace tiempo que se ensayan distintas composiciones, pero todas basadas en la tradicional mezcla de salitre (nitrato sódico/potásico), azufre y carbón, en torno a la proporción 6:1:1. Es una mezcla tan sensible a la humedad que se llega a inutilizar si no se ponen los medios adecuados. 

Estas precauciones comienzan en el diseño de los almacenes que van a contener la pólvora y en la elección del paraje donde construirlos. Se evitan terrenos pantanosos o susceptibles de encharcarse en tiempos de lluvia. Son preferibles lugares elevados y aireados, de fundamentos rocosos para evitar que el agua alcance por capilaridad el interior del almacén, incluso se evita la piedra porosa en la construcción de los almacenes. El suelo suele elevarse del firme, incluso se construye sobre bóvedas que los separe suficientemente, esas bóvedas se airean mediante respiraderos para evitar la condensación interior. Se trata por todos los medios de conseguir que el interior de los almacenes sea muy seco. Para eliminar la condensación interior se disponen de ventanas enfrentadas que una vez abiertas favorezcan las corrientes de aire. Esta es una tarea de mantenimiento que se debe realizar periódicamente en los polvorines del siglo XVIII y XIX. En parajes con vientos escasos, donde no consiguen suficiente ventilación interior, las paredes de los almacenes se aforran de madera con el mismo propósito.

En ningún caso los barriles de pólvora debían confeccionarse con maderas que previamente hubieran estado en contacto con salazones, porque la capacidad que tiene la sal de absorber agua humedecería irremediablemente la pólvora. Estos barriles, que contienen un quintal de pólvora cada uno, no se apoyan directamente en el suelo, lo hacen sobre gruesos listones de madera que los aíslan y dificultan que la humedad del suelo impregne la pólvora.

También se conoce que la calidad de la pólvora negra depende de la de sus componentes, y que un salitre con impurezas (nitratos y cloruros de magnesio) es más higroscópico y, por tanto, más susceptible de humedecer la pólvora e inutilizarla. De manera que por más cuidados que se dispensara, la simple humedad ambiental llegaba a estropear partidas enteras. De hecho la pólvora se clasificaba, en función de la humedad y el tipo de grano resultante de las labores de secado, en cuatro calidades: Buena, Mediana, Vieja e Inútil. En las “Noticias de la Pólvora que se necesita para consumo de la marina en el año 1755, con distinción de la que hay existente en cada Departamento...” (NOTA 1) se dice:

CÁDIZ
Se necesitan, para armamento de bajeles, ejercicio de Tropa y Brigadas y demás consumos 3.531 quintales
Hay existente de buena calidad 850 quintales
Hay vieja y mediana 1.000 quintales
Resta que proveer, en el caso de que hayan de servir estos 1000 quintales de vieja y mediana 1.681 quintales
Nota:    De la pólvora que había depositada para la América se han absolutamente inutilizado 150    quintales: y se previene por si hubiese de proveerse esta partida.

En cuanto a las partidas del Departamento de El Ferrol se dice que “Hay existentes de todas las calidades, y que beneficiada puede servir a distintas aplicaciones... 970 quintales”.

La manera de beneficiar la pólvora para recuperarla era simplemente secándola por exposición directa a los rayos solares. Estos trabajos se llamaban Labores del Asoleo. Eran faenas de temporada que implicaban la remoción de numerosos barriles de pólvora para extender su contenido en zonas delimitadas y vigiladas. En los Polvorines de Fadricas se acotó, para ese menester, una superficie cuadrada, cercana al San Bernardo, que se llamó Almacén de Jesús. El Comisario General de la Artillería de Marina, Joaquín Manuel de Villena, al mismo tiempo que solicita en 1751 la construcción del Espigón de Punta Cantera, comunicó al marqués de la Ensenada que era también muy necesario construir “una cerca de 3½  varas de alto, y de 200 varas en el todo de sus cuatro lados, que cierre el almacén de Jesús formando plaza para los asoleos a fin de evitar en ellos el evidente riesgo que hay de ejecutar esta faena en campo abierto, con la proximidad de la casería del Pedroso y la de Osio, y precaver con más seguridad la extracción de pólvora que los manipulantes furtiva y sutilmente suelen hacer, no obstante las muchas precauciones que para ambos efectos se toman”. A pesar de la descripción cuadrangular de Villena, el Lugar del Asoleo o Soleadero de Pólvora suele indicarse en la cartografía como un área circular. Ese lugar acotado aún aparece en la cartografía de 1823. Posteriormente, cuando la pólvora negra dejó de usarse, se abandonó.

Periódicamente las cuadrillas de artilleros y peones para el asoleo, y algún tonelero para reparar los barriles, pasaban temporadas trabajando diariamente en sus menesteres, y la cercana Casería de Fadricas (Villena la nombra del Pedroso) proporcionó un lugar de fonda y apoyo. Sin embargo, las mismas faenas en los almacenes de Camposoto se realizaban con más dificultades debido a la mayor lejanía de la villa. Los soldados, artilleros, oficiales y demás trabajadores no tenían donde alojarse porque el Cuerpo de Guardia ya estaba ocupado por la tropa del destacamento, y la casa más próxima era la del mayorazgo de Jácome Fantoni que “en vista de la pensión de alojamiento que se hace preciso en su casa de campo, ha retirado la llave varias veces... perece haberle hecho fuerza esta continua vejación, pues discurría con razón, participase otro de ella...” (NOTA 2) . Es decir, el problema surgía cuando el señor Fantoni se negaba a facilitar su casa para uso de los artilleros, oficiales, ministros y obreros que debían trabajar en las labores del asoleo. Si a eso se sumaba que no se tenía permiso del corregidor para usar casas vecinas, se veían obligados a pernoctar al raso “en tiempos nada convenientes”. La alternativa suponía que estos trabajadores y tropa durmieran en la villa y diariamente se desplazaran en ida y vuelta, cargados con sus armas y herramientas, hasta los polvorines de Camposoto con lo cual la jornada laboral se acortaba muchísimo y las faenas se prolongaban hasta tiempos lluviosos. Estas dificultades y lo penoso de las circunstancias ocasionaron deserciones en la tropa y notables inconvenientes en las labores del asoleo que justificaron la construcción de un segundo Cuerpo de Guardia (NOTA 3) . Esta circunstancia intensificó y asentó definitivamente la presencia militar en Camposoto, situación que se arrastra hasta nuestros días.
NOTA 1.- Archivo General de Simancas. Secretaría de Guerra. (AGS, Secretaría de Guerra)

NOTA 2.- AGS. Guerra Moderna. Legajo 3254. Carta de Juan de Villalva y Angulo al Marqués de la Ensenada, de fecha 2 de septiembre de 1749, y siguientes.

NOta 3.-Ibidem.