domingo, 8 de junio de 2003

 


reportaje

Los relojes de sol del castillo de San Romualdo
El autor de este reportaje analiza en una primera entrega los relojes de sol que existían en el ribat

EL CASTILLO. Vista panorámica de la fachada del castillo de San Romualdo que da a la calle Real
ELÍAS

Miguel Ángel López Moreno.       Recomienda esta noticia

En el torreón central del Castillo de San Romualdo, el que se eleva a la izquierda de la actual puerta de entrada, existieron tres relojes de sol. Esa profusión de ciencia, conocimientos y arte, concentrados en un solitario y antiguo ribat, hacen de él, al margen de otras circunstancias, un lugar singular y notable.

Alcanzar a explicar porqué los antiguos moradores del castillo quisieron tres relojes solares en un mismo torreón, saber quién ordenó su construcción y qué maestro cuadrantero los construyó, son otras de las oscuras cuestiones que se plantean en torno al viejo ribat de la Isla de León.

El reloj central estuvo en la fachada principal, la que mira a la actual plaza Font de Mora. Es un tipo de reloj solar vertical meridional, es decir enfrentado al Sur aunque éste tiene una desviación hacia el Oeste de 15º aproximadamente.

A pesar de su antigüedad, aún es visible el marco que lo contuvo y algunos trazos horarios radiales que deben confluir en el punto donde se colocó el gnomon o estilete. Este reloj solar marcaba casi todas las horas diurnas, y sólo las primeras horas de la mañana escapaban a su medida.

Los otros dos relojes de sol son complementarios entre sí y se situaron en las fachadas laterales del mismo torreón, sobre dos resaltes achaflanados que los desconocidos constructores orientaron escrupulosamente hacia el Este y hacia el Oeste.

El primero (lateral oriental) marcaba las horas de la mañana, desde el amanecer, a las VI, hasta la hora quinta (las XI); el segundo (lateral occidental) las de la tarde, desde las XIII hasta el ocaso, a las XVIII.

En ambos casos, la hora XII del mediodía quedaba indeterminada porque en ese momento, con el sol en su altura meridiana, las sombras son paralelas a los resaltes oriental y occidental. Son dos situaciones extremas y complementarias de disponer relojes de sol verticales.

En la esquina inferior izquierda del resalte oriental, aún se puede intuir un clásico adorno que se repite en diversos tratados de Gnomónica. También se aprecian algunos trazos horarios, que en este caso no son radiales, sino paralelos, como se disponen en relojes laterales cuando el gnomon es paralelo a la pared.

Actualmente no se conoce ninguna referencia documental, directa o indirecta, que describa los relojes solares del Castillo de San Romualdo. Pero los hechos son tozudos: existieron tres. Y la condición sine qua non para su trazado es una pared vertical, precisamente la que hoy contemplamos... pero, ¿desde cuando existe esa pared necesaria?

En torno a 1267, una vez reconquistada la comarca gaditana, Alfonso X procedió a cristianizar la zona para borrar el carácter musulmán que había tenido hasta entonces. En esta nueva frontera, como en todas partes, los lugares sagrados islámicos se transformaban en iglesias y, en el caso del Logar de la Puente, asumiendo que ya existiera una edificación antecesora del Castillo de San Romualdo, se construyó en su interior una iglesia dedicada a Santa María, advocación a la que el rey sabio era ferviente devoto.

Entre los historiadores no hay unanimidad a la hora de fechar la construcción del viejo edificio. Jerónimo de la Concepción (1690, pág. 320), lo atribuye a Alfonso X.

"...para seguridad de la Puente edificó allí un castillo el Señor Rey D. Alfonso, en el cual ponía Cádiz alcaide, por ser jurisdicción suya, adjudicada por el mismo Rey con la Población de la Isla de León, y llamábase en aquel tiempo, el Concejo del Castillo de la Puente..."

Sin embargo los estudiosos del castillo, y las investigaciones en curso, apuntan claramente a que es una construcción anterior, tal vez un ribat almohade del siglo XII.

Incluso podría tener su origen en una de las construcciones defensivas, levantadas por el emirato de Córdoba en el siglo IX, para evitar ataques normandos.

Esta disposición a cristianizar los lugares reconquistados no debe entenderse como un intento de negar la cultura islámica, ni como un síntoma de la intolerancia religiosa que promovieron más tarde los Reyes Católicos.

Al contrario, el reinado del rey sabio (1221-1284) se caracterizó, además de por haber realizado las importantes recopilaciones jurídicas e históricas, por una aceptable convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes, las tres culturas peninsulares.

De hecho se preciaba don Alfonso de ser "rey de tres religiones". Este aire de tolerancia propició un cierto mestizaje de costumbres y técnicas, de ahí que no resulte inaudito pensar, como ocurrió en otros muchos lugares, que alarifes musulmanes construyeran totalmente, o bien reconstruyeran un viejo edificio preexistente, en la forma y estética de un ribat cristiano, hipótesis que defendiera Torres Balbás hace medio siglo, y que en esa reconstrucción o construcción se incluyera la primitiva iglesia de Santa María, de cuya existencia nos da cuenta Jerónimo de la Concepción (1690, pág. 230):

"...la Iglesia Parroquial de aquella Población, que siempre ha estado dentro del Castillo, se intitulaba S. María, hoy tiene advocación de S. Pedro..."

Sin duda, levantar una capilla o una iglesia era la mejor forma de cristianizar una mezquita, una zawiya o un ribat, tres lugares de carácter religioso islámico. Estos últimos eran recintos fortificados que se levantaban en costas y en las fronteras con los reinos cristianos.

Tenían doble carácter e intención, militar y religioso; mitad castillo y mitad convento islámico. En ellos se recluían temporalmente fieles musulmanes que preparaban el precepto de la djihad, es decir, la Guerra Santa Islámica. Según opinan diversos autores, no se puede descartar la influencia que ejerció el ribat islámico, y el concepto de djihad, en la formación de las Ordenes Religiosas (monjes guerreros) y en la idea cristiana de Cruzada, entendida como una guerra justa y justificada contra el infiel. Las similitudes son inmediatas.

Sin dudas, si el ribat existió como tal en el Logar de la Puente, se cristianizó. La primera referencia documental a esta iglesia-capilla, se encuentra en una carta del Concejo de la Puente de Cádiz, fechada el 17 de mayo de 1338, por la que se confirma la entrega de la Alquería de Rayhana a Gonzalo Díaz de Sevilla, criado del rey Alfonso XI.

En ella se dice textualmente que los miembros del concejo fueron "...ayuntados á campana llamados en la capilla de Santa Maria, que es dentro en el dicho castillo..." Palabras que demuestran la existencia de una población dispersa en torno a un ribat/castillo coronado por el campanario de una iglesia cristiana. Nos confirma el poder aglutinador que entonces tuvo este lugar.

Como es común en toda la Edad Media, el castillo, la iglesia y el monasterio se convierte en el elemento aglutinante de la población que se genera lentamente en su entorno. Para los antiguos y escasos moradores de la Alquería de Rayhana, en el Concejo del Logar de la Puente, (moriscos que aceptaran el vasallaje del rey cristiano, escasos colonos castellanos traídos en intentos repobladores, etc.), sus murallas son la referencia del poder político y el hito defensivo en caso de ataque enemigo.

Es decir, el lugar donde buscar amparo y refugio, lugar donde se genera el tímido comercio local y donde recurrir al auxilio espiritual. El castillo se convierte poco a poco en el centro civilizador de un entorno rural de escasa y dispersa población. Por tanto, no debemos errar demasiado si pensamos que hasta la construcción de la Iglesia Mayor (1757-1769) el centro neurálgico de los pobladores de la Isla de León fuera la plaza del Castillo que se enfrenta al camino que comunicaba Cádiz y la Puente. Y el torreón central de esa fachada, usado como campanario de la iglesia hasta bien entrado el siglo XX, el lugar idóneo para colocar un reloj de sol que marque los hitos temporales diarios y anuales.

Sin embargo, en 1408, cuando Juan II entrega el Concejo del Logar de la Puente a Juan Sánchez de Suazo, el castillo, referente físico del poder político del concejo, estaba destruido y los pobladores ahuyentados. Los portugueses, aliados de Pedro I contra su hermanastro Enrique II, habían desolado las costas gaditanas unos años antes. Ellos, los chamorros -termino empleado entre los castellanos en sentido despectivo para referirse a los portugueses- fueron los que derribaron sus almenas y lo arruinaron por completo. De ahí que Sánchez de Suazo, en el año 1411, se comprometiera a reconstruir el castillo y el puente. Desde entonces ambos se denominaron Castillo y la Puente de Suazo.

Los estudiosos consideran que esta reconstrucción de principios del siglo XV respetó la planta que tenía la edificación anteriormente, y dejó una distribución rectangular con ocho torres, muy parecida a la que contemplamos hoy día. Los ataques de ingleses y holandeses de 1596 y 1625, sin duda dañaron el castillo, pero no llegaron a destruirlo.

De todo lo anterior concluimos que la paries necesarius para soportar los relojes de sol, es decir, el torreón central que hoy contemplamos, puede datar de los primeros años del siglo XV; torreón que también se utilizaba como campanario de la iglesia que acoge (Santa María) y que es una referencia visual válida para la escasa población del entorno y de los viajeros que atraviesan el puente... pero ¿por qué tres relojes solares en un mismo torreón?

 

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