Cronicas de Villajovita    

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Crónicas de Villajovita
La memoria común / Ceuta, años 60

ISBN: 84-609-8966-6
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COICO

Conocí a José Mª Coiduras en Ceuta, un domingo de 1965... cuarenta y un años más tarde me duele no tenerle, y lamento haber llegado tarde para recuperar su abrazo.


Jose Maria Coiduras

José María Coiduras Martínez era Cóico, así, con acento en la primera o... tal vez fuese José Luis, que a veces nos dejaba en la duda. En su casa era de una forma y en el instituto de otra. Algo pasaba con ser José María o José Luis, y no recuerdo si alguna vez nos lo explicó.

Después de 30 años, José Carlos Varea, uno de aquellos niños que correteaba por las calles de Villa Jovita (Ceuta-España), en la década de los años 60 del siglo pasado, y ahora afincado en Jerez, me dijo que Coico había fallecido en Tenerife. Un barco y el mar se lo llevaron... y desde entonces no se me va de la cabeza. Más de treinta años sin saber de él y ahora su presencia se hace recurrente y me obliga a recordar detalles de lo que viví con él. De alguna manera necesito que esos recuerdos no se pierdan... aunque sean pequeñas y simples pinceladas de un tiempo pasado. Coico fue un enorme ser humano.


Coico

25 de Diciembre de 1966. Coico, con chilaba y turbante, disfrazado de pastorcito en el Belén Viviente que el inquieto cura Bejar montaba en el descampado de la parroquia de Villa Jovita. Coico debía tener aquí 14 o 15 años. Estábamos al fondo del descampado, junto a una hoguera... pero el frío se nos quitó a base de anís


Coico y servidor, en Madrid, Agosto de 1967. En ese tiempo éramos "arqueros" de la OJE y viajábamos camino de Gerona, a una cosa que se llamaba "Encuentro Nacional de Escuadras".


Creo recordar que Cóico y su familia vinieron de Canarias [en realidad llegaron a Ceuta procedentes de San Fernando] Puede que fuese cuando estábamos en 4º de bachillerato, es decir, en 1964, y se instalaron en el nº 16 de la calle Padre Feijoo (la calle-carretera costera que iba hasta Benzú, al pasar por Villa Jovita tomaba ese nombre) Que, por cierto, era la misma casa que utilizó la familia de Sol Mosteirín. El padre de Coico se llamaba Babil Coiduras y era policía... igual que lo fueron sus hijos mayores, Celsa y Babil. Babil se parecía mucho al padre y Celsa era guapísima y simpatiquísima; yo creo que fue (es) una de las primeras mujeres-policías de España...

Yo no recuerdo la primera vez que Coico y yo nos vimos... pero él me lo contó al cabo de un tiempo, y ese recuerdo lo dejé en unos párrafos de Crónicas de Villajovita...

...y eso hicimos el día que nos conocimos Cóico (José María Coiduras) y yo. Lo de Cóico debe venir de una cosa que le decíamos y que sonaba algo así (César me lo recordó últimamente): COICOEKA COICOICO LARALARA. Pero como era muy largo, hubo que simplificar hasta COICO

La familia Coiduras había llegado a Villajovita procedente de Canarias y San Fernando a mitad de los años 60. Los mayores eran Babíl y Celsa –una chica muy dulce–, que colaboraron estrechamente con el padre Béjar en las catequesis. Cóico,el de nuestra edad, conectó muy bien con el grupito formado por Chechita, Paco Inniagaraga, Pepito Lorente y servidor. En realidad conectó muy bien con todo el mundo y no se recuerda que tuviera enemigos. Era un chico atlético y poderoso, muy independiente y muy leal. Muy pronto comenzó a practicar piragüismo en el CAS (club de Actividades Submarinas y Marítimo deportivas) con Chechita, José Ramón López Díaz–Flor y José Carlos Rivilla...

José Ramón López Díaz–Flor formó parte del mítico equipo de piragüismo K4 (Herminio Menéndez, Celorrio, Misioné y Díaz Flor) que conquistó la medalla de plata en los mil metros, Montreal 1976. Por 26 milésimas los rusos se llevaron el oro. Nunca jamás se logró un equipo como ese en la dificilísima disciplina de coordinar la potencia de cuatro titanes. José Ramón es un merecido campeón y un complejo deportivo lleva su nombre en Ceuta.

Y en muy poco tiempo estos cuatro chicos desarrollaron unos corpachones de envidia. Pepito Lorente recuerda que cuando llegó el verano correspondiente, un día bajó a la playa José Carlos Varea, uno de los neófitos del piragüismo, que hasta entonces había sido un chico normal, más bien tirando a endeblito, y dice Pepito que cuando ese niño se quitó la camiseta “empezó a salir espalda, y venga salir espalda, y venga salir espalda... que me quedé asombrado con la mierda del niño”. Cuando estos chicos empezaron con el piragüismo era Cóico el más poderoso, y se llevaba de calle a todos ellos. Y en este punto conviene recordar que José Ramón Díaz–Flor perseveró en estos menesteres y llegó a ser medalla de plata en los juegos Olímpicos de Montreal 1976. ¿A saber qué habría conseguido Cóico?

Cuando pasó el tiempo y ya teníamos una amistad consolidada me confesó que el día que nos conocimos le llamé la atención por lo feo que era y por lo que hice. Según recordaba Cóico, nos vimos por primera vez un domingo después de misa de 12. Tal y como estábamos, vestidos de domingo, con nuestras mejores galas (creo recordar que, entre otros, estaban Alfonsito el huevo, Jesús Díaz Susi, Rafalito Carrasco y Antonio Sedano), nos marchamos a dar un paseo por las huertas que se cultivaban junto al arroyo Benítez. Esa zona de Ceuta estaba entonces llena de granados cuajados de frutos en su punto, debía estar avanzado el mes de octubre. No se veía a nadie y, en consecuencia, uno de los chicos propuso que robáramos unas cuantas granadas. ¿Para qué estaban allí y quién se iba a enterar? Cóico recordaba que yo me opuse. Y aún más cuando el chico insistió, de forma que entablamos una discusión a gritos: el otro chico quería que atacáramos a las granadas y yo quería que las dejáramos en paz. Y mire usted por donde, el dueño de la huerta nos había visto llegar, y estaba agazapado y dispuesto a intervenir al menor intento de ataque por nuestra parte. Porque lo esperable y normal era que ese grupo de niños depredara sin piedad sus granadas, y lo normal en los años 60 era que el dueño de la huerta nos apedreara sin miramientos, que esas modernidades de los derechos del niño y todos los cuidados para evitarles un trauma son cosas de estos tiempos, que entonces no existían tantos cuidados; dicho de otra forma, si el dueño alcanza a alguno robando granadas en su propiedad, le pega un par de guantazos y se queda tan pancho, y el padre del niño hasta le palmea la espalda. Era la misma corresponsabilidad que existía entre padre y maestro. Pero ese día, el hortelano se debió quedar de piedra: estaba asistiendo a un debate moral sin precedentes. Así que salió de su escondite y en lugar de abroncarnos por entrar sin permiso en la huerta, nos regaló un montón de granadas. ¡Fue su premio al comportamiento que tuvimos! Este era el primer recuerdo que Cóico tenía de mí, unas granadas conquistadas con honradez. Se ve que estuvo en el lugar y momento oportunos y únicos ¡porque esta cosa no se repitió jamás!

Crónicas de Villajovita, pág. 156-157

Coico no fue un buen estudiante de bachillerato. Todas las mañanas mi padre, que tenía un Renault 4-4 (ojo, no confundir con un 4x4), nos llevaba al instituto, a Elena, a Coico y a servidor. A mi me daba tiempo a lavarme y desayunar. Elena, una niña encatadora vecina mía, siempre estaba dispuesta, cristalina, saltarina y alegre a su hora, jamás había que esperarla. Y finamente salíamos a buscar al Coico... y la mitad de los días teníamos que esperarle porque aún estaba en la cama. Es decir, se levantaba y sin mear siquiera, ni lavarse la cara, ni desayunar salía para el instituto... Aquello me llamaba muchísimo la atención. Para mi que el modelo de la casa de Coico era un desastre, y sólo pasados los años he aprendido a valorar lo que allí se cocía... mientras yo era un completo inútil, que no sabía hacer nada solito, que para eso estaba mi madre, Coico era capaz de hacerse el desayuno, la comida y la cena, y en general, apañarse perfectamente solo. Y eso lo comprobamos más tarde en los campamentos que compartimos en la OJE (Organización Juvenil Española, de orientación fascista, una especie de juventudes del régimen del General Franco, que se autoproclamó Caudillo de todos los españoles, quisieran o no)

Fue CÓICO el que me metió en la OJE. Cuando hacíamos 6º de bachillerato, en el curso 67/68, CÓICO y BENELBAS me hablaron maravillas de una cosa que hacían por Semana Santa: "La Ruta del Sol". Los puñeteros se iban caminando desde Algeciras hasta Torremolinos, es decir, por toda la Costa del Sol, por donde pululaban extranjeras tremendamente "liberales"... liberales en lo sexual, por supuesto. Y, claro, aquí venían las fanfarronadas... que si las suecas eras así o asao, que habían estado con una danesa que tal y cual. Incluso me enseñaron una foto en la que una caterva de insolentes rodeaban a una rubia nórdica... pero con muchas manos de por medio. ¡Tate!, desde aquello yo quería ser de la OJE. Me compré el uniforme, pasé una pequeña charla con CRISTOBAL AGUILAR, pagué lo que hubiera que pagar y listo. Ya era un joven de la OJE.

El primer contacto fue un campamento en Cortes de la Frontera (Cádiz), en Julio de 1968. Lo mandaba CRISTOBAL AGUILAR, que fue el primer hombre que me habló de un libro llamado “Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley, y nunca le he dado las gracias porque con 16 años ese libro me abrió los ojos, y desde entonces empecé a comprender el oscuro país en el que vivía. (Recuerdo que me habló Huxley y del Mundo Feliz a través de un walki).

CÓICO fue el jefe de la escuadra que formamos. Se llamaba “Roger de Flor”, como aquel almogavar catalán que formó un pequeño señorío en Grecia y ese año ganamos la competición. El premio fue asistir a Gerona a defender el pabellón de Ceuta en una competición. Ese año de 1967 estábamos BENELBAS TAPIERO, ESTANISLAO MENA (que era muy dormilón), SOTO, CÓICO, CESAR REY y servidor de ustedes... Los seis dormíamos en la misma tienda. CÓICO era sonámbulo. Recuerdo perfectamente que algunas noches, ya de madrugada, se incorporaba sobre la colchoneta y se ponía a arengarnos completamente dormido: “Bueno, camaradas, hemos cumplido con nuestro deber y gracias al esfuerzo alcanzamos el triunfo... Podemos estar orgullosos de nuestro trabajo...”

Coico y Paco
Coico y Paco en el transbordador Ceuta/Algeciras, aprox. 1970


Era un extraordinario nadador... me contó Cóico que una vez llevó a una expedición de "flechas" hasta Covaleda, Soria (la verdad es que no recuerdo exactamente donde me dijo)... los flechas eran los más pequeños de la OJE. Esos viajes eran muy pesados; primero el paso del estrecho en barco. Seguía una noche sin pegar ojo en un tren "Correo" que paraba en todas y cada un de las estaciones posibles. Una vez en Madrid, tocaba transbordo a la estación del Norte, arreando al grupo de niños. Había que tomar otro tren hasta Covaleda... Cuando los dejó en su campamento, y volvía para Ceuta, el pobre Cóico estaba reventado de dos noches de tren sin dormir. Paró en Madrid. Se alojó en el albergue de la Casa de Campo, donde solían parar todos los "mandos de juventudes", y se encontró allí con una competición de natación. Cuenta Cóico que los competidores iban preparadísimos, con sus albornoces personalizados con el Club de procedencia, los preparadores masajeaban a sus pupilos y les daban últimos consejos en la oreja. No faltaban las toallas al cuello para evitar un inoportuno enfriamiento... bañadores hidrodinámicos...

...Cóico preguntó si podía nadar con ellos. Se lo permitieron. Le dejaron un bañador. Nadó y ganó. ¡Con dos cohones! ¡Tanta tontería!


En los años 70, Coico comenzó a estudiar telecomunicaciones en Madrid. Vivía en la calle Tetuán... recuerdo que una vez lo visité allí. Comimos en el comedor universitario... fue la última vez que nos vimos. Mientras tanto, ELENA estudiaba filosofía y letras en Granada, y COICO la visitaba... hasta que se casaron... y estos días (octubre de 2004) he sabido de su desaparición...

Coico y Elena

...a pesar de hacer 30 años que no veía a CÓICO, que ni hablaba, ni sabía nada de él. A pesar de nuestras vidas divergentes, ahora me siento un poco más sólo.

Un beso para ti, Elena.


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Última actualización: Diciembre 2013