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El artículo de Álvaro


28 ENERO 2001

Hay unas palabras entre Álvaro y nosotros, sus padres. Nos quejamos de que está demasiado tiempo enganchado a internet, que no cumple con unos mínimos compromisos en casa, que se acuesta muy tarde molestando a todo dios que intenta dormir por culpa de la obsesión por chatear en la red... Le prohibimos entrar en internet esa noche. Creo que a partir de ese momento algo estalló en Álvaro, algo bueno, porque comenzó a escribir con una madurez que, aunque sospechábamos, nunca había demostrado.

29 ENERO 2001

A medio día, cuando llega del instituto, nos entrega una hoja manuscrita con el siguiente texto:

LA LIBERTAD

¿Con qué derecho os creéis para limitar mi libertad? Acaso no estoy ya bastante limitado, acaso no hago todo lo que vosotros y la sociedad en general me imponéis. Me levanto temprano todos los días, trabajo toda la mañana en una institución que posee una filosofía que no apruebo, pero lo hago; por la tarde estudio, aunque no parezca lo suficiente, pero lo es; voy a inglés, unas clases prácticamente inútiles, pero lo hago solo para daros placer; también voy a entrenar, una obligación más impuesta por la sociedad que, aunque me produzca algo de placer, no creo que sea más que una mera ilusión; aunque también parezca que no hago ni el huevo, cuando me ordenáis algo, aunque tarde, siempre lo hago. De todo esto tan solo puedo decir que si también me vais a quitar la libertad de hacer mi vida a partir de las nueve o diez de la noche, entonces, conseguiréis que me quede sin vida y esta sea llevado a todo lo que me rodea.

También me ha dolido que no creáis en mi palabra, anoche se la di a mi madre, y la cumplí, preguntad a mis amigos. Porque me levante tarde y con el tiempo justo no quiere decir que haya estado toda la noche enchufado, recordad que siempre lo hago (ir con el tiempo justo).

Además, yo no me conecto para chatear con cualquier niñato/a que lo más probable es que no lo ven en mi vida. Yo aprovecho ese tiempo, mi tiempo, la única parte del día que realmente dedico a mí, para hablar con mis amigos cercanos, aquellos a los que veo todos los días y que, como yo, no tienen mucho tiempo que dedicarse a ellos mismos.

Por último, hace tres meses que tengo una amiga, está en mi clase, me cae superbien y con ella hablo mucho por internet. La chavala se lleva las tardes estudiando (seguía un párrafo que censuró él mismo)

Por último sólo quiero decir que puedo aceptar mi culpa por ir siempre con el tiempo justo, pero nunca aceptaré ser culpado por algo que no he hecho.

Creo que la libertad solo se ve limitada por la de los demás, de modo que mientras no limite la libertad de nadie, no limitéis la mía. Tengo el mismo derecho a llevar mi vida que las demás personas.

¿Crees que estoy enfermo y yo mismo me limito? Yo pienso que no. Soy capaz de pensar fríamente. ¿Acaso no lo estoy haciendo? P. D.

(La censuró él mismo)


1 FEBRERO 2001

El papelito merecía una charla... él lo esperaba. Le digo que he aprendido, sobre él, más en los tres minutos que tardé en leer el papel que en los tres últimos meses. Le digo que no deberíamos haber llegado a la violencia verbal de anoche si simplemente nos comunicáramos mejor. Le digo que entiendo todo lo que nos cuenta en el papel y que confío plenamente en él. Le digo que sólo hace falta una política de pequeños gestos, que esos pequeños gestos son suficiente para dar vida a una relación, que es poca cosa recoger la ropa en lugar de dejarla tirada, o no hacer esperar a su madre, o hacerle una carantoña de vez en cuando. Le digo que me recuerda las comeduras de coco que yo tenía a su edad... acaba halagado y se ríe. Por supuesto que puede entrar en intemet para hablar con sus amigos y con su amiga... es otro tiempo y hoy las relaciones también son virtuales ¿por qué no?

Álvaro tiene que hacer un artículo para una revista que editan los Boy Scouts de Cádiz. Me pide opinión sobre qué tema puede tratar... "las cosas que no te gustan de esta sociedad... pon por escrito eso que siempre piensas y nunca has escrito", le digo.

2 FEBRERO 2001

A las 6'30 de la mañana encuentro, junto a la ropa, el siguiente artículo que ha escrito:

PATÉTICO

Llego a mi casa, después de una mañana de trabajo, asqueado de instituto, asqueado de esta sociedad que me obliga a levantarme temprano cada mañana y ponerme a estudiar durante seis horas al día. Entro en mi casa, giro a la izquierda hasta que frente a mi se coloca la entrada del salón. Me introduzco en él, las fuertes ondas auditivas retumban en mis oídos, una radiación procedente de una pantalla rectangular choca con mi piel... la televisión. Y allí me encuentro, frente a ella, atento estúpidamente a lo que quieren contarme en los informativos, expuesto a que cambien mi pensamiento como a un borreguito que se dedica a seguir el rebaño, pero... ¿es que tenemos otra opción? ¿Podríamos vivir sin tener que estar atentos a lo que ocurre en e) resto del mundo?

Mientras vivamos en sociedad es difícil, pero... ¿acaso no es preferible no saber nada a que otros te impongan sus opiniones sin que te des cuenta? Me refiero n manipulación, estamos sometidos a lo que nos quieren contar, a un punto de vista, a una realidad limitada, ¿es que no tenemos opinión?

Termino de comer, me siento en el sofá, voy cerrando los ojos... cuando una estruendosa música me desvela totalmente. Es mi hermano, y ese largo trozo publicitario en el que se aprovecha para mantener embobado a todo aquel que se sienta un poco a frente a la caja tonta después de comer... "Al salir de clase", nunca tantas imágenes dijeron tan poco. No entiendo la necesidad de abstraerse diariamente para introducirse en tal ilógico e incomprensible mundo, que lo único que es capaz de transmitir, más que valores, son tristes y torcidos reflejos de comportamientos vagamente correctos.

Pasa toda la tarde, únicamente me digno a ver la segunda cadena, algo con sentido, un poco de cultura para cambiar las habituales estúpidas imágenes.

Llega la noche y finalmente tengo que acostarme después de ver a mi familia tirada en el sofá... silencio en el ambiente, tan sólo el electrónico sonido de nuestra televisión... su dios, el dios de esta cultura. No hacen falta palabras, ese montón de circuitos habla por todos... todos están felices mientras siga contándoles qué pasará entre aquel buen policía y la prostituta a quien salvó la vida, o mientras puedan ver otra increíble historia cada noche; felices viviendo pasivamente las vidas de unos personajes de ficción que tan sólo se interrumpen cuando un espacio publicitario deja paso a una pelea familiar por cualquier estupidez.

En resumen, esto no quiere decir que mi familia sea así tan sólo se trata de un modelo al que mi familia afortunadamente escapa. Tampoco es un ataque contra quienes practican el teleculto, sino una crítica a un mundo que me produce risa al mismo tiempo que me perece PATÉTICO.

Como no quedamos, lo que se dice, bien parados, ese mismo día le escribo una réplica:

RESPUESTA A MI HIJO ÁLVARO

Llego a casa después de una mañana un tanto insípida... la jornada de hoy ha sido monótona. Me he preguntado si es ético mi trabajo, porque, al fin y al cabo, estoy en el engranaje de un ejército, es decir, estoy metido hasta el cuello en una maquinaria cuyo primer y último fin es matar para defender intereses que pueden no ser los míos. Por mucho que hoy nos presenten a los ejércitos como entidades humanitarias, no nos engañemos, están para matar a enemigos... y los enemigos se fabrican a conveniencia del poder económico. Los fabrican anulando nuestro sentido crítico, y lo hacen n fuerza de propaganda, de bonitos mensajes y de verdades n medias. Y nos manipulan con mayor facilidad cuando nos hacen sentir miembros de una entidad superior que puede ser el barrio, la ciudad, el equipo de fútbol, la región o la patria... para así oponernos con facilidad a los de otro barrio, ciudad o nación. Cada día veo más peligroso integrarse en un grupo de personas porque se elimina la individualidad, el espíritu crítico de cada uno, y nos disolvemos en una masa de gente que vocifera al son que tocan los que manipulan.

Sin embargo, hace ya mucho tiempo que he tejido la excusa para justificar este trabajo... porque hace tiempo que tengo la excusa perfecta para dejar de ser el idealista que fui cuando tenía tu edad... simplemente han pasado los años, uno se vuelve práctico y deja los ideales para los jóvenes; seguramente es algo que está en los genes: aminorar la marcha para asegurar a la siguiente generación. Los ejércitos existen porque el homo sapiens ha ritualizado su agresividad como especie y la deja en manos de una casta de guerreros. La agresividad no es un invento malévolo de la naturaleza, es la naturaleza misma, ni es buena ni es mala, porque no se puede juzgar, al final del razonamiento, una simple reacción química... Entonces ¿por qué debo sentirme culpable por trabajar para un ejercito sin son inevitables? Y, a pesar de todo, he tenido que construir esta excusa ¿por qué?

Es tarde. Corro a preparar la comida, en casa yo me encargo de estos menesteres. Mientras tanto, mi chica no para de trajinar con mil cosas de la casa... Tengo que improvisar la comida porque ayer estuve fatal con una jaqueca intermitente. Después de rebuscar en el frigo no queda más remedio que comer "restos orgánicos", cosa que en esta casa significa "problemas en la mesa". El "Niñato" (15 difíciles años) protestará, siempre encuentra algún motivo, no falla... Álvaro (casi 18) pondrá cara de perdonarme la vida y cerrará los ojos como diciendo que mejor no abrir la boca... Llegan del instituto y dejan tiradas las mochilas y los chaquetones en el primer escalón de la escalera. No saludan con un beso, simplemente se tumban en el sofá y preguntan por la comida. "Restos orgánicos", contesto animoso desde la cocina. ¡Joder! Es lo que suena desde el salón.

Mientras comemos, la tele, de fondo va desgranando su letanía. A veces hemos intentado apagarla, pero el silencio se hace atronador y tampoco sirve para mejorar la comunicación... así que, ahí sigue porque casi es mejor utilizarla para resaltar su estupidez. Mi compi suele contar cosas de su trabajo, casi siempre graciosas. Ella trabaja con muchas compañeras y es fácil la risa... yo no tengo esa suerte. El "Niñato" se queja de la tal profesora y anuncia que ha sacado un notable en un examen sorpresa. Le felicitamos y le hacemos ver lo bueno de estudiar un poco cada dia... Engulle la comida y se tira en el sofá cuando comienza "Al salir de clase". Álvaro, silencioso, a veces protesta de lo que oye en el telediario y a veces, concisamente, habla de sus resultados académicos, siempre muy buenos. Se enfurece cuando comienza la serie que entusiasma a su hermano. Álvaro es un chico maduro para su edad, reflexivo y muy opaco, sólo deja entrever sus elucubraciones sobre la sociedad que le toca vivir cuando se enfada con nosotros y trata de explicar, a trompicones, sus posiciones. Me recuerda mucho a mí mismo con su edad... que cada vez que hablaba seriamente con mi padre se echaba a temblar...

Pues ahí están... el uno tumbado en el sofá, atento a las gilipolleces de sus ídolos que salen de clase, un niño grande que se pretende adulto; el otro semitumbndo, con los ojos cerrados, esperando que den las 15'55 para ir a clase de inglés, un adulto que debería tomarse la vida más como una comedia que como tragedia. Y mi "compi de la vida", con sus ojos achinaditos que cuando se ríe desaparecen, se fuma el cigarrillo "de después de comer" sentada en el cuarto escalón de la escalera, para no molestar con el humo, que los niños le echan la bronca si fuma en el salón. Son mi familia, acojonante, tío.

Finalmente, a los pocos días, Álvaro, le enseña su artículo a Práxedes, el profesor de filosofía que le enseñó el curso pasado. Lo lee y le escribe en la propia hoja la siguiente reflexión:

RESPUESTA DE PRÁXEDES

Muy bien, Álvaro. Me he permitido poner tres rayitas -es mi manía profesional de corregir, pero tú eres muy dueño y muy capaz de criticar la crítica-. El artículo me parece estupendo, y aunque es un poco desolador estoy de acuerdo contigo. La juventud es especialmente sensible al absurdo que nos rodea, y como no entiende bien qué necesidad hay de tanta tontería hasta bien entrado los años, no tanto porque te acostumbres o porque lo aceptes, cuando porque ves lo complejo que todo resulta, y lo difícil que es la vida para cada uno, y la necesidad que hay en todos de cobijarse, de distraerse, de ir tirando.

La pregunta es por qué las cosas no son como debieran, y lo importante es mantener la frescura para darse cuenta de que podrían mejorarse. Pensar ¿cómo podrían mejorarse? Muchas cosas son como un gran potencial desaprovechado: también la televisión es un gran potencial pero ¿hacia donde podrá mejorarse?

Pensar es tener la sensibilidad para ver, para imaginar lo que las cosas podrían ser, y soportar la calamidad de que sean mucho menos. Pensar el Bien como el fondo desde el que la cosas puedan ser criticadas, mejoradas y, quizá finalmente, perdonadas.

En fin, muy sugerente tu artículo, un buen punto de partida para pensar, y un buen signo de que tu sensibilidad mira desde una belleza, y se consterna ante lo feo. No estas solo en tu sentimiento de lo 'patético" -habría mucho que hablar, ojalá tengamos ocasión-. Gracias por la confianza, y por contar conmigo. Cuenta conmigo.

Práxedes.


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