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Los asuntillos de un hombre venido a menos y acostumbrado

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Introducción
(...en la treintena, cuando uno empieza a dejar de ser punta de lanza)

“Lo siento, cariño, pero de progre sólo te quedan las gafitas”
(La puñetera Bala)

Hace más de veinte años que empecé a tener treinta. Sorprendente época personal en la que las nuevas generaciones nos sorprendían pasándonos por la diestra y por la siniestra. Recuerdo que ya entonces pensaba que las sociedades, la cultura, y cualquier aspecto de la naturaleza humana, sólo cambian desde los extremos. Pensaba que el progreso jamás cursaba desde la comodidad del centro político. Si, y recuerdo además que me gustaba pensar que mi generación era la punta de lanza que estaba cambiando la sociedad española de esos momentos... (asistimos a la muerte de Franco y a la transición a la democracia de su régimen)

Pero entonces, a principios de los años 80, ocurrió la primera señal que me avisaba de que los tiempos estaban cambiando. Ocurrió algo insignificante: apareció en el panorama español un personaje llamado Jon Manteca, más conocido como el Cojo Manteca... un joven vagabundo cojo, que se valía de unas muletas que se hicieron muy populares porque las empleaba para romper las cabinas telefónicas en mitad de las manifestaciones estudiantiles... El individuo en cuestión pasaba olímpicamente de las protestas estudiantiles, lo que le entusiasmaba era destruir cristales con sus muletas. Y por esta razón se hizo tan famoso el Cojo Manteca, todo el país se escandalizó viendo las tropelías del joven indigente en directo, por televisión. Y así fue que su fama le precedía allí por donde aparecía.

No recuerdo porqué protestaban los estudiantes, a los que hasta ese momento había considerado mis colegas, pero no pedían democracia, ni libertades, ni amnistía para los presos políticos, ni denunciaban torturas policiales... No, ahora pedían no-sé-qué-cosas-académicas ¡¡y les retransmitían sus manifestaciones en directo por televisión para disfrute del Cojo Manteca!! ¿Qué estaba pasando? Si ya teníamos democracia...

Y poco después Felipe nos preguntó lo de la OTAN. Después de comprobar que los estudiantes ya no eran de los míos, venía mi querido Felipe –la única izquierda posible de este país- queriendo entrar en la OTAN... así que tocó reflexionar. Podía seguir instalado en los ideales de juventud o abrazar la praxis de las cosas, lo real de la situación. Además, vinieron los hijos y otras preocupaciones... Así que, de una forma u otra, abandoné el mundo de las utopías para entrar en el pragmatismo de las ideas y de comportamientos.

Algunas de estas Reflexiones Primarias de un Ex Progre parten de esta sorpresa vital e ideológica. Otras son un intento de verbalizar las cuestiones religiosas, porque sólo así soy consciente del conocimiento (en estos asuntos debo mucho a mi admirado Puente Ojea) Más tarde fueron los enfrentamientos entre el occidente y el mundo islámico lo que me hizo pensar. Escribía en 1991:

“...en el inicio de esta guerra estoy reflexionando mucho sobre ella y sus consecuencias. Creo que lo que más me aterra es ver esas masas fanatizadas repitiendo consignas que otros dictan. Me aterra vivir en un mundo lleno de ese tipo de fanáticos de religión, capaces de morir en una Guerra Santa o en Guerras Justas, o en Cruzadas de cualquier tipo. Y creo que el motivo por el que muchos islamistas se encuentran a gusto en esta situación es su religión, que les lleva a una resignación sin protestas y a considerar ciegamente que están en posesión de la verdad que dicta, en este caso, Sadam Hussein... Las religiones, todas las religiones, manipulan a los hombres hasta despojarlos de su libertad, la condición humana más preciada, y los deja convertidos en autómatas al servicio de ideas indemostrables. Creo que no cabe mayor bajeza”.

Veamos...


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