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Otra reflexión sobre moral y genética

Miguel Ángel López Moreno, 1993


Algo nos hace pensar que las lecciones históricas deberían modelar el comportamiento del Hommo Sapiens. Existe una idea que subyace en la cultura que absorbemos, y que está basada en la influencia del catolicismo: que el ser humano ha progresado moralmente desde su aparición sobre la tierra. Dicho de otra forma: el hombre actual es mejor, desde el punto de vista moral, porque ha tenido tiempo de absorber el contenido moralizante del cristianismo, de otras religiones o filosofías. Sin embargo, el mínimo análisis de la realidad que percibimos nos dice todo lo contrario. Y, a partir de ese análisis, es fácil decidir que somos básicamente el mismo cazador del neolítico, pero con armas más poderosas... y que la conducta impresa en los genes de ese cazador se superponen finalmente a cualquier conducta moral que se aprende en vida. Parece que no hemos avanzado ni un ápice desde el neolítico, que respondemos con una agresividad extrema cuando percibimos una intromisión en nuestro territorio, o cuando intuimos un extraño en la tribu...

Percibo que la catadura moral del ser humano, con independencia del aprendizaje cultural, intelectual o moral que haya tenido, es muy pobre. Percibo que todo intento civilizador, por tanto moralista, que intenta dotarnos de unas pautas de comportamiento que venzan los instintos animales, caen hecho trizas con una frecuencia que asusta. Podemos observar que casi nadie se para a reflexionar para buscar las causas de lo que no gusta... simplemente actuamos. La madre de Sarajevo no se para a reflexionar por qué han matado a su hija, simplemente empuñaría cualquier arma para devolver la agresión... y esa conducta es comprendida. ¿Que familiar cercano a una víctima de ETA se para a reflexionar después del atentado? ¿Cómo es posible imaginar avances morales del ser humano cuando repasamos los crímenes nazis, o las venganzas de 1936-39, o los desaparecidos de Argentina, Chile y demás dictaduras?

Dudo mucho que nosotros, los que tenemos la suerte de vivir instalados en una aparente paz social, en un estado de derecho, con cauces civilizados para solucionar los problemas, con deseos reales de mantener la civilización y la solidaridad... dudo mucho que nosotros tengamos mayor altura moral que los desalmados que realizan sangrientas atrocidades en Bosnia... simplemente tenemos la suerte puntual de no haber destapado todavía unos instintos que conservamos muy a flor de piel.

Sé que esta es una percepción muy pesimista del ser humano, que significa negar la esperanza del progreso moral. Pero, desgraciadamente, esta percepción viene avalada por un repaso a la historia (que cíclicamente repite los mismos horrores) y, sobre todo, viene determinada por la imposibilidad de suprimir la conducta impresa y gobernada por los genes y por tres mil millones de años de evolución.


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