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Inicio > Relatos y cuentos > El Diablillo Echeis

El diablillo Echeis
Miguel Ángel López Moreno
1988 - 2006


— I —

En una tierra prehistórica, dominada por terribles dinosaurios, se alzaba el majestuoso volcán Cheidato. Su cráter desprendía bocanadas de humos negros y rojos que oscurecían el cielo de esa tierra salvaje.

Afortunadamente los temibles monstruos no podían atravesar el DESFILADERO ANGOSTO para entrar en la TIERRA del BOSQUE, porque la GRAN PUERTA de los dinosaurios permanecía bloqueada por las piedras desde hacía cientos de años.

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— II —

En el interior del fabuloso volcán Cheidato vivía ECHEIS, señor absoluto de esas profundidades, entre paredes de fuego y burbujeante lava.

Echeis03

ECHEIS era un travieso diablillo de fuego que se entretenía pescando DRELOS. Los DRELOS eran duendecillos verdes que vivían en los lagos de lava… y cuando ECHEIS los pescaba los sometía a cosquillas hasta que, de tanta risa, se disolvían en humo.

Echeis04

III

El aliento de ECHEIS era de fuego, y tan ardiente que podía derretir las estalactitas. Un día se enfadó muchísimo porque todos los DRELOS se escondieron en el fondo del lago de lava y no pudo pescar ni uno sólo.

Se enfureció tanto que comenzó a soplar y soplar hasta que derritió muchas estalactitas. Tantas se fundieron que el nivel de lava subió y arrastró a ECHEIS hacia el cráter

Echeis05

— IV —

Había soplado con tanta furia que provocó sin querer una terrible erupción volcánica.

Un río de lava se desparramó ladera abajo, hacía la TIERRA DEL BOSQUE, y la explosión expulsó a ECHEIS violentamente hacá la pradera cercana al río.

¡El pobre diablillo ECHEIS empezó a sentir frío!

Echeis06

— V —

Se internó en el bosque tratando de encontrar un poco de calor y lo único que consiguió fue perderse.

Todos los animalillos del bosque se extrañaron muchísimo al ver una cosa tan rara. Un pequeño murciélago se acercó para olfatearlo, ¡y se quemó el bigote! Porque ECHEIS era de fuego y no lo sabían.

Desde ese momento nadie se acercaba al diablillo por temor a quemarse. Pese a todo, ECHEIS tenía frío y empezaba a sentirse solo.

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— VI —

Al ratito se encontró con un niño. ECHEIS nunca había visto a un ser humano, por eso estuvo mirándole un momento. El niño le dijo extrañado:

—¿Quién eres tú? Pareces una bolita de fuego
—YO soy el diablillo ECHEIS— contestó con orgullo—, Señor del volcán Cheidato. ¿Y tú? ¿Qué clase de criatura eres?
—Soy Pedro. Mi padre es el leñador más fuerte de la TIERRA del BOSQUE.
—¡¡Pedro!!— se extrañó ECHEIS—, que nombra más raro para una criatura. Bueno, Pedro, te ordeno que me calientes. Tengo frío.

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— VII —

Y a Pedro, que era muy listo, s ele ocurrió una idea para calentar al diablillo. Cogió un candil, lo encendió e invitó a ECHEIS a entrar para sentarse encima de la llama. De todos modos, como era muy gruñón, protestó:

— ¡Pues yo prefiero un buen baño de lava!
— Cuando lleguemos a mi cabaña te pondré en un sitio calentito. Ya verás, ECHEIS, como no vas a pasar frío. ¿De verdad vives en el volcán?— preguntó el niño.

Y estuvieron hablando de sus cosas hasta que anocheció. Para entonces, ECHEIS, el diablillo travieso y Pedro, el hijo del leñador, se habían hecho buenos amigos.

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— VIII —

Cuando llegaron a la cabaña, Pedro metió a ECHEIS en la chimenea, entre la leña, y allí estuvo calentito. Y fueron pasando los días.

De vez en cuando el diablillo subía hasta el tejado y miraba su volcán en la lejanía. Pero tenía que bajar rápidamente a meterse en el fuego porque era invierno y soplaba un viento helado del norte que capaz era de congelarlo hasta convertirlo en un trocito de piedra. Un día le dijo a Pedro:

— Cuando no haga tanto frío ¿me llevarás hasta la boca del cráter?
— Claro que sí, ECHEIS. Pronto llegará la primavera y viajaremos hasta tu casa en el volcán.

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— IX —

Efectivamente, una mañana el viento del norte dejó de soplar, y la nieve desapareció del paisaje. Pedro llenó el candil de aceite, lo encendió y le dijo al diablillo:

— Entra, ECHEIS. Ha llegado la primavera y te llevaré a casa. ¡Vamos!

Y comenzaron el viaje hacia el majestuoso Cheidato que no había dejado de soltar humos negros y rojos durante todo el invierno.

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— X —

Después de un largo viaje llegaron al cráter del volcán. ECHEIS saltó al borde y dijo al niño:

— Me gustaría darte un beso y un abrazo, pero si me acerco te quemarías —Y, sin darse cuenta, dos gotitas de lava, como si fueran lágrimas, escaparon de los ojos de ECHEIS. Pedro también estaba triste porque ya no volverían a verse.

— Mira, Pedro —dijo ECHEIS— si algún día me necesitas, echa esta piedrecita roja en el fuego de la chimenea. Yo vendré corriendo para ayudarte. No lo olvides, amigo, mis duendecillos verdes siempre vigilarán el humo de tu cabaña.

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— XI —

Dicho esto saltó al fondo del cráter y, después de una larga caída, entró en el lago de lava con un gran chapoteo. Allí estuvo nadando un ratito hasta que entró en calor.

Los DRELOS, que habían estado muy tranquilos sin ECHEIS, se zambulleron en el lago para que el diablillo no los pescara… pero ECHEIS no tenía intención de hacerles cosquillas. Los llamó a todos y los puso firmes —porque para eso era el Señor absoluto del volcán Cheidato— y les dijo que tenían que subir a la boca del cráter y vigilar el humo que saliera de la cabaña de su amigo Pedro

Y eso hicieron los duendecillos verdes, vigilar de noche y de día, por si el humo de la cabaña de Pedro era rojo… y si alguno se quedaba dormido, ECHEIS le hacía cosquillas hasta que, entre risas y risas, se deshacía en humo.

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— XII —

Mientras tanto, en un extremo de la TIERRA del BOSQUE, a consecuencia de la erupción que provocara ECHEIS, la GRAN PUERTA de los dinosaurios quedó abierta después de cientos de años de clausura.

Los terribles monstruos olfatearon el aire, intranquilos. Luego se internaron en el DESFILADERO ANGOSTO y atravesaron la GRAN PUERTA para entrar en la TIERRA del BOSQUE, donde Pedro tenía la cabaña.

El fragor de sus rugidos llenó el bosque y todos los animales huyeron despavoridos. Los dinosaurios avanzaban con un hambre feroz. A su paso destrozaban árboles y los trituraban con sus temibles colmillos…

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— XIII —

Al llegar a la pradera encontraron la cabaña del leñador. La rodearon para atacarla y comerse a sus ocupantes. ¡Después de cientos de años de aislamiento solo deseaban devorar y devorar!

Los rugidos alertaron a Pedro y cerró la puerta con pestillo. Pero los dinosaurios serían capaces de romperla con un suave coletazo. ¡Tenía que pensar algo para detenerlos! ¿Qué podía hacer? Entonces el niño se acordó de su amigo ECHEIS… ¿qué tenía que hacer para avisarle?

Los monstruos se acercaban amenazadoramente y Pedro seguía sin recordar las palabras del diablillo… ¿qué tenía que hacer para avisarle?

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— XIV —

Cuando miró la chimenea lo recordó. Fue corriendo a su cuarto y buscó en la caja de sus tesoros hasta encontrar la piedra roja que le regalara ECHEIS en el cráter.

La echó al fuego e, inmediatamente, se formó una formidable cantidad de humo rojo que salió por la chimenea… pero ya era tarde porque un terrible dinosaurio de tres cuernos se asomaba por la ventana trasera…

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— XV —

Mientras tanto, los DRELOS que vigilaban desde el cráter habían visto cómo los dinosaurios salían del bosque y atacaban la cabaña de Pedro. Un duendecillo avisó a ECHEIS y este subió para comprobarlo. Fue entonces cuando vieron la humareda roja salir por la chimenea.

No lo dudó un solo instante. El diablillo se lanzó al fondo del cráter y…

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— XVI —

…bajó directamente hasta la GRUTA PROFUNDA para hablar con su tío, el diablo PIN-CUER, Señor Absoluto del Subsuelo y capaz era de provocar tremendos terremotos cuando gritaba.

— ¡Tío PIN-CUER, tío PIN-CUER! —llamó ECHEIS a voz en grito— ¡¡los dinosaurios han atravesado el DESFILADERO ANGOSTO y están atacando la casa de mi amigo Pedro!!

— Bueno, no te preocupes, sobrino —contestó con voz de trueno—, tú y tus DRELOS soplad para provocar una erupción y cuando estéis en el exterior quemadles las colas. Que yo me encargaré de que no vuelvan a escapar de la TIERRA PREHISTÓRICA.

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— XVII —

ECHEIS reunió a los DRELOS y, entre todos, derritieron más de cien estalactitas. La lava creció tanto que estalló una erupción violentísima.

El diablillo ECHEIS y sus DRELOS fueron expulsados hacia la pradera donde los dinosaurios atacaban a Pedro. Uno de los monstruos trató de comerse a ECHEIS, pero cuando estuvo cerca, el diablillo le sopló en la lengua y se la quemó. El dinosaurio se marchó corriendo hacia el DESFILADERO ANGOSTO tan rápido que se daba patadas en el culo feo y verde que tenía.

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— XVIII —

Entonces fueron todos a la cabaña de Pedro y espantaron a los bichos quemándoles las colas.

Los temibles monstruos parecían ahora gatitos asustados, y huyeron despavoridos hacia el DESFILADERO ANGOSTO porque nunca habían visto criaturas tan pequeñas que quemaran tanto.

Y cuando todos habían atravesado la GRAN PUERTA

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— XIX —

…desde el Reino del Subsuelo, el diablo PIN-CUER, tío de ECHEIS, provocó un furioso terremoto que derrumbó una montaña y destrozó la GRAN PUERTA.

Desde entonces, jamás los dinosaurios han podido entrar en La TIERRA del BOSQUE y quedaron prisioneros en la Tierra Prehistórica de la que nunca debieron escapar.

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— XX —

Y Pedro, el hijo del leñador más fuerte del bosque, está contento porque sabe que su amigo ECHEIS vigila desde el cráter. Y ECHEIS es feliz porque tiene un gran amigo en el exterior… aunque nunca puedan darse un abrazo.


FIN

Milan, papá de Álvaro y Alejandro.
Marzo/Abril de 1988