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AGUSTÍN GONZÁLEZ MORALES
Publicaciones en la Revista General de Marina


SOBRE PINES Y AMIANTOS A BORDO

Somos libres, libres,
como las barcas
perdidas en el mar.
John Dos Passos
 

Un compañero marino me envía una pregunta. Dice:

“Ayer embarcamos a bordo 3.000 toneladas de combustible” o “Ayer embarcamos abordo…”; ¿cuál es la expresión correcta?

Yo, humildemente, no me siento en posesión de la verdad en casi nada y, menos aún, en esto del empleo de las palabras, porque como creo que ya escribí en estas mismas páginas de LEXIGOGRAFÍA de nuestra querida REVISTA GENERAL DE MARINA [Por cierto, todos decimos “Revista de Marina”, olvidándonos del calificativo “General”. Sin duda, por una lícita economía en el lenguaje hablado. Pero, no me parece oportuna esa omisión en el escrito], el hablante es soberano y tiene la potestad y la libertad de usarlas a su gusto y criterio; la RAE se limita a consagrarlas en el Diccionario, salvo que se haya tergiversado su significado de una manera patente, o se invente una aberranción, en cuyo caso nos advierte del error e intenta que no se prodigue, sobre todo tratando de influir en los medios de comunicación hablados y escritos. Pues bien, para contestar a la pregunta, me limito a consultar la última edición del DRAE; dice:

Abordo: De abordar. 1. m. Mar. abordaje. 
Abordaje: 1. m. Mar. Acción de abordar, o chocar un barco con otro, especialmente con la intención de combatirlo. Al abordaje. 1. loc. adv. Mar. Pasando la gente, del buque abordador al abordado, con armas a propósito para embestir al enemigo. Ú. con los verbos entrar, saltar, tomar, etc.

A bordo. 1. loc. adv. En la embarcación. Comer a bordo.

Por lo tanto, podemos decir “ayer embarcamos a bordo 3.000 toneladas de combustible”. Pero, querido y paciente lector, ¿no crees que, a la luz del significado expuesto, embarcar a bordo es una redundancia? Basta con “Ayer embarcamos 3.000 toneladas…”, ¿verdad?; como también es una redundancia accidente fortuito, por mucho que se emplee esta expresión, pues un accidente es siempre un acontecimiento fortuito; es decir, que sucede casualmente.

Desamiantar. Amianto friable y no friable

Hablando de embarcar y desembarcar, en estos momentos estamos sufriendo las consecuencias de haber empleado con anterioridad amianto en muchos de nuestros buques para aislar sistemas expuestos al calor, como, por ejemplo, los circuitos de vapor. La legislación actual no permite el uso a bordo de este material y exige desembarcarlo. Un proceso lento y muy costoso.

Pero, en estos párrafos, como siempre, no se trata de analizar aspectos técnicos u operativos, sino el idioma y, más concretamente, aquella parte de él que solemos utilizar los marinos. Pues bien, el verbo desamiantar campa a sus anchas por la Armada, como si tal palabro existiese. Tampoco está registrado en el DRAE amiantar, aunque todos estemos entendiendo lo que queremos expresar. Disculpo el pecado, no porque yo también lo cometa más que el que más, sino porque es sólo coyuntural, pues, con el tiempo y el proceso de desamiantado que estamos llevando a cabo en los buques afectados, eso de desamiantar y sus derivados estoy seguro de que pasarán a la historia, sin que los académicos de la Lengua deban ocuparse en analizarlos.
Un inciso: parece ser que existen dos tipos de amianto: el friable y el no friable. Reconozco que no conocía el adjetivo friable. Pues sí, existe, está registrado en el DRAE con el significado de: “Del lat. friabilis, desmenuzable. 1. adj. Que se desmenuza fácilmente”. El amianto friable es el más peligroso.

Acta

Cuando desembarcamos material, tenemos que realizar una guía de entrega y, muchas veces, un acta de reconocimiento. Pero, ¿un acta o una acta?, y ¿qué debemos decir?, el acta o la acta. Vaya, vaya.

La duda surge como consecuencia de la cacofonía que se produce, pues acta es un vocablo femenino. Para escapar de la disonancia debemos decir el acta, un acta; pero, curiosamente: esta, esa y aquella acta.

De pin pineado y de dique diqueado

¡Basta ya de desembarcos! Permanezcamos a bordo.

Creo que no me equivoco cuando afirmo que los barcos de hoy son pura electrónica navegante. Pues bien, en el mundillo de la electrónica, ése en el que abundan tarjetas, chips, buses de datos, periféricos, etc., con su cableado asociado, hay unos lugares llamados pines donde se sueldan cables y patitas de “cucarachas”, condensadores, resistencias y sabe Dios cuántos artilugios, siguiendo, eso sí, determinados esquemas de conexionado.

La Academia, en la última edición del Diccionario, ha incorporado dos pines, el primero se refiere al adornito que se suele lleva prendido a la ropa, mientras que el segundo tiene el significado de: “m. Electr. Cada una de las patillas de un conector multipolar”.

Lamento discrepar con la RAE, pues, para mí, un conector con muchos pines no tiene por qué tener muchos polos; pero, dejando aparte este matiz menor, no trago con el verbo pinear y sus derivados… aunque yo sea el primero en pinear continuamente, para referirme al hecho de conectar a los pines, o en revisar el pineado cuando quiero comprobar el estado en el que se encuentra dicha conexión, aunque en su lugar diga también –destrozando el idioma– que pretendo comprobar el conexionado (en vez de la conexión) de los circuitos.

Y también he escuchado no pocas veces que las labores a realizar en un barco durante una estancia en dique se llaman trabajos o tareas de diqueado, aunque nadie emplee diquear para referirse al hecho de “entrar en dique”. Por supuesto: ni diquear ni diqueado están registrados ¿Acaso no se entiende perfectamente la expresión “trabajos o tareas de dique”?

Para finalizar secuencialmente

No seamos soberbios. El DRAE, como toda obra humana, es mejorable. Para ejemplo, un botón: ¿por qué figura el adjetivo secuencial, pero no el adverbio secuencialmente? Seguramente haya que achacarlo al olvido, ya que, según mis escasas luces, no aprecio que con su empleo estemos cometiendo una aberración lingüística.
Ahora bien, nuestro Diccionario –el refrendado por la RAE–, aunque imperfecto, debe ser la brújula que nos oriente cuando naveguemos por el inmenso mar de las palabras.

Rota, a 20 de mayo de 2009


Obra inédita

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Agustin Glez Morales

el autor

OBRA INÉDITA

 


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